Por Gustavo Zabert (*)
Ayer nuestro Concejo Deliberante cedió ante los argumentos económicos y falaces de la industria tabacalera. Neuquén estuvo muy cerca de tener una ordenanza de avanzada en todo el país y en Latinoamérica para prohibir la publicidad del tabaco. Las tabacaleras lo presintieron y actuaron. Bajaron de sus oficinas para hablar a los oídos de los concejales permeables a sus argumentos e influencias y permitieron que los confundan en sus decisiones.
El tabaco es la primera causa prevenible de enfermedad y muerte en todo el mundo. Uno de cada dos fumadores muere por una enfermedad relacionada al consumo de tabaco y, por ello, la industria tabacalera y sus socios saben que deben reemplazarlos. Nada mejor que buenas campañas publicitarias para captar nuevos clientes y cuanto más jóvenes mejor, más influenciables y más tiempo de vida por delante.
No hay duda que la publicidad, promoción y patrocinio del tabaco aumentan el fumar y que las prohibiciones totales de publicidad, promoción y patrocinio disminuyen el consumo. Actuar en contra del tabaco es promover, defender la salud y el bien común, el de la población y no el de las empresas ni de los comerciantes.
En la votación del recinto quedaron olvidadas definiciones que hubieran trazado sin lugar a dudas las prohibiciones de publicidad, pero aún nos queda el artículo 1. La sociedad reclama que en la reglamentación de la ordenanza se haga efectivo su enunciado: “Prohíbase en todo el ejido municipal la publicidad, difusión y promoción, directa e indirecta del tabaco y sus productos derivados”.
(*) Profesor de la UNCo. Director Regional para Latinoamérica de Global Bridges.