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22-05-201201:30| Correo de Lectores |   
Digna profesión
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Hay gente que sólo quiere ser escuchada. La vida es un camino de decisiones. Hace 25 años decidía ser enfermera. Sí, decidía porque no sentí ninguna llamada vocación, ni tenía parientes cercanos que habían ejercido la enfermería.
Estaba estudiando otra carrera, en la que me iba muy bien y me anoté a escondidas. Sí, a escondidas porque en esa época no estaba muy bien visto “eso de ser enfermera”. Por la fama, las asociaciones, los mitos, esos que nos asocian a las profesiones más tempranas del mundo, algunas santas y otras no tanto.
Cursé, me recibí, me olvidé de la historia, y nuevamente decidí vivir de y con la enfermería en mi vida. Hice el camino desde la alta complejidad tecnológica a la alta complejidad social. Estudié, seguí estudiando y me enamoré no sólo de mi esposo, sino también de una profesión que me permitió conocer de todo y a muchos. Compartí historias, vidas, nacimientos y muertes dignas. ¿Dolor? Hubo mucho, pero también ternura, sonrisas, alegrías y más de una lágrima cuando se me moría “mi paciente”.
Hace ocho años tomé otra decisión alejarme de lo que consideraba mi segundo hogar, el hospital. Lugar de mil vivencias. De noches de insomnio, de guardias intensas, de mucho aprender y mucho enseñar. Ya no subiría más escaleras, ni correría por emergencias. Sólo iba a ver pasar las ambulancias y abrir paso cuando escucho sus sirenas.
Me fui a un centro de salud de la zona oeste. Mis colegas hospitalarias me preguntaban ¿qué iba a hacer en ese lugar? Ahí no hay escaleras, algo de asfalto y mucha tierra que se transforma en barro las pocas veces que llueve en Neuquén.
Decidí comenzar una nueva vida. Ya no corro. A veces camino, otras voy en auto, ya no a las terapias intensivas, pero si a los “cuidados intensivos”, que las enfermeras y enfermeros brindamos en la comunidad, en las familias, en sus casas, en sus escuelas, en sus patios, en sus calles, en sus tomas.
Hay urgencias, pero estas son distintas. La urgencia es el silencio para escuchar los latidos de la vida misma, de sus experiencias de su día a día. Hay gente que sólo quiere ser escuchada.
En el mes de diciembre del 2011, nuevamente decidí. Luego de un paso por otro espacio del sistema de salud, regresé al barrio, a andar las calles, a visitar a “mis pacientes”, a quien me niego a llamarlos así. Son personas, que están allí, que me esperan con el mate de María, la tortas fritas calentitas que hace Beatriz, el dulce de manzana de Olguita, las hojas del laurel de doña Blanca, las flores silvestres del patio de Elida, la rabietas de Leontina, las sonrisas sin dientes de los chicos de Cinthia. ¿Lo volvería a hacer? Seguro que sí.
Hace poco “pateando” el barrio, saludando y visitando gente, con una colega joven, Soledad, le decía, “si vuelvo a nacer, la vuelvo a elegir a la enfermería para mi vida. Por esto me quedo, por todo esto decido todos los días seguir siendo enfermera”. En este 12 de mayo día Internacional de Enfermería les deseo a todos y todas los y las colegas que podamos decidir ser cada día la mejor enfermería que la gente se merece.
 
María Araceli Cárdenas
Lic. en Enfermería M.P. 340
DNI: 18.510.477



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