Al menos 600 personas sufrieron heridas anoche luego de enfrentarse con la Policía en las puertas del Ministerio del Interior.
El Cairo (Télam) > La matanza de 75 personas en un estadio egipcio derivó en una grave crisis política, luego de que los Hermanos Musulmanes responsabilizaron por la tragedia a una “mano invisible”; la oposición marchó al centro de la capital; y Gobierno y Parlamento disidieron reunirse “urgente” para debatir sobre los sucesos.
El jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto, Mohamed Hussein Tantawi, decretó tres días de duelo y prometió que encontrará a los culpables de la masacre de Port Said, tras matizar que este tipo de sucesos “pueden pasar en cualquier parte del mundo”, en declaraciones al canal TV del Al-Ahly, uno de los equipos involucrados.
Asimismo, apuntó que las víctimas recibirán una compensación después de que sus casos sean examinados.
Represión
Miles de personas se concentraron ayer nuevamente en la plaza Tahrir de El Cairo y centenares de ellos marcharon hacia el Ministerio del Interior para protestar por la violencia desatada la noche del miércoles en el estadio de la ciudad de Port Said.
Más de 600 personas resultaron heridas al producirse enfrentamientos entre manifestantes y personal de seguridad delante del Ministerio del Interior.
Los manifestantes coreaban cantos en contra del Consejo militar que gobierna el país desde la caída de Hosni Mubarak.
La Policía intentó dispersar la protesta haciendo uso de gas lacrimógeno. Según la televisión estatal, hubo manifestantes que arrojaron piedras contra policías e hirieron a 54 oficiales.
Conspiración
La situación es “muy tensa” en Egipto tras la tragedia. Antes de que se extinguieran las llamas en las gradas y mientras seguían ingresando cadáveres en las morgues, ya afloraban variadas hipótesis que apuntaban a una conspiración política como causante de la masacre.
La más extendida giraba en torno al deseo de sectores militares de mantener “la ley de emergencia” decretada en 1981 (tras la muerte del ex presidente y primer ministro Anwar el-Sadat), una normativa que sirvió durante estos últimos 30 años como cobertura legal para la represión desatada contra sectores opositores.
El primer ministro, Kamal el Ganzouri, comunicó al Parlamento que aceptó la renuncia del gobernador de Port Said y cesó a los dos mandos policiales responsables de los incidentes. También destituyó a todos los miembros de la Junta Directiva de la Federación de Fútbol Egipcia.
Mano invisible
El Partido Libertad y Justicia, brazo político de los poderosos Hermanos Musulmanes, señaló que hay una “mano invisible” en la masacre, que sólo puede pertenecer a partidarios de Hosni Mubarak deseosos de castigar a los seguidores del equipo cairota Al-Ahly tras su importante participación como fuerza de choque durante las manifestaciones contra el régimen.
Los jóvenes seguidores de Al-Ahly, opositores al actual régimen y quienes protagonizan las marchas en la Plaza Tahrir hace un año, acusan a la Junta militar por la masacre. Los seguidores del Al-Masry declararon que entre los suyos se detectó la presencia de “infiltrados”.