El fenómeno no sólo obedece a cuestiones culturales, sino también económicas: muchas personas se juntan para compartir los gastos.
Neuquén > "¿Convivir?". Sin duda. ¿Casarse? Por ahora no, gracias. Dos de cada tres neuquinos de entre 15 y 34 que viven en pareja no dieron el “sí”, al menos ante la formalidad de la ley. Según la última Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, sólo el 34% de los habitantes de la provincia en esta situación cumplieron con el rito de las alianzas.
La relación, sin embargo, se invierte a medida que las personas crecen. Desde los 34 años en adelante, dos de cada tres están casados. Sólo un 25% mantiene una unión de hecho sin papeles.
A la hora de explicar las causas, la tentación es hablar de la falta de compromiso: el casamiento sigue siendo a los ojos de la sociedad un acuerdo a largo plazo, y los jóvenes eligen una relación “más libre”, sin las ataduras que implica la firma en un acta.
Sin embargo, para el sociólogo Demetrio Taranda, existen otras razones fundamentales para explicar esta tendencia. “Es un grupo etáreo en el que prevalece la incertidumbre. Necesitan de afecto, algo elemental sin lo cual no pueden vivir y optan por estas formas de convivencia. Pero también hay que considerar la dificultad que implica, por ejemplo, alquilar una vivienda, sobre todo en un sector donde reina la informalidad”, señala el especialista.
En algún punto, la razón económica la gana a la cultural. Muchos jóvenes deciden juntarse para alimentar ese afecto mutuo, pero también para compartir los gastos. Algunos de ellos, ya más grandes y con una vida más planificada, se casarán más entrados en años, sobre todo para acceder a beneficios como asignaciones familiares.
“Tienen abierta las perspectivas a caminos que desconocen. Creen que las oportunidades que se les presenten pueden chocar con esta unión que tienen. Y esto no es común de los jóvenes: después de muchos años un matrimonio formal puede compartir la cama pero tener sueños diferentes”, remarca Taranda, a la hora de explicar el impacto afectivo que estas uniones de hecho tienen en la pareja.
Empatía
Sin embargo, para el sociólogo, no hay nada de malo en esta tendencia. “A mí me parece que estas estrategias se toman para mantener como mínimo una empatía entre dos seres humanos durante un tiempo. Son muy saludables. Las personas jóvenes que logran una pareja en general conllevan cierta estabilidad, cierto respeto muto”, asegura.
La otra pata del tema, claro está, es la religiosa. Si bien Argentina, y dentro de ella Neuquén, sigue siendo un país creyente, el estereotipo de familia “occidental cristiana” va perdiendo peso en el imaginario social. La convivencia dejó de ser mala palabra, incluso entre quienes profesan la fe.
“La sociedad está desacralizada. Esto no quita que las personas no crean en algún ser superior, aunque a lo mejor no son practicantes”, explica Taranda. “Las señales que reciben los jóvenes es que será muy complicado armar su futuro, y esto efectivamente es así. Todo tiene que ser pensado en ese contexto”, señaló.