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22-03-201101:30| Deportes |   
Los dueños del espectáculo
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Un hincha en la popular del Ciclón, tierra de barras. (Noticias Argentinas)
Neuquén > La frase había hecho ruido en la primavera del 2008. Pero, como casi todo lo que se habla y escribe a la hora de buscarle soluciones a la violencia en el fútbol argentino, dominado por el "Todo Pasa" que ya suma 32 años, el sonido duró apenas unos segundos, tapado enseguida por la pasión que nos condena. El domingo muchos la recordaron y ayer reflotó con más fuerza, aunque Aramayo no haya muerto en manos de barras enemigos. Porque sí lo hizo en el medio de un caos, de hinchadas que buscaban venganza, de policías desbordados, minutos antes de que la fiesta del fútbol mutara, otra vez, en tragedia.
Otto Adang, especialista holandés en el tratamiento por parte de las fuerzas policiales de grandes eventos y manifestaciones, asesor de seguridad en las últimas Eurocopas y profesor de la Escuela de Policía de Holanda, pasó por Argentina hace dos años y medio para tratar de observar lo que ocurría en nuestro fútbol y dejarle enseñanzas a las principales autoridades. Vio 15 partidos en la cancha, la mayoría de primera división, y dejó una sentencia: "La solución europea en la Argentina es impracticable.  Allá los hooligans estaban concentrados en grupos marginales sin relación con el sistema. Acá los barras bravas están vinculados al negocio de manera sorprendente. Tienen pases de jugadores, manejan el merchandising en las calles, estacionamientos, venta de drogas, y tienen vínculos con el poder político que asombran. Por eso el problema en la Argentina es mucho más grave que en el resto del mundo, porque acá hay que cambiar todo el sistema. Mientras eso no ocurra, es naif pensar en reeducar a los barras o generar un vuelco total desde la educación”.
Adang no descubrió la pólvora. Hace rato que se sabe el problema sin solución, cada vez más preocupante y complejo, que afronta el fútbol argentino. Sus consejos fueron escuchados por las cúpulas más altas de los organismos de seguridad. ¿Por qué no le hicieron caso? Por lo que el mismo describió, la convivencia entre los grupos violentos y los dirigentes de todos los estamentos: clubes, AFA, sindicatos, empresarios, partidos políticos, funcionarios, gobernantes.
Cada vez que un hincha cae herido de muerte nos miramos el ombligo y la pelusa desborda, no nos gusta, nos averguenza y deprime. Pero nos dura tan poco...
El 2010, año mundialista, nos mostró quiénes manejan todo. Las Hinchadas Unidas Argentinas viajaron a Sudáfrica apadrinadas con cientos de miles de dólares, el propio charter de la Selección mezcló a las estrellas de adentro, los jugadores, con las de afuera, los barras. Se llenaron horas y páginas en los medios con las imágenes de los violentos en la puerta de la concentración albiceleste. ¿Qué se aprendió? Nada. ¿Quién se hizo cargo? Nadie. Las populares, se dice, son tierra de nadie. Error. Tienen dueños hace rato. Que se matan por el jugoso botín y no se esconden. Algunos hasta son famosos, firman autógrafos, les piden fotos, y cosechan aplausos cuando entran a los estadios. Así estamos. El fútbol no es una isla, y los domingos se vive igual que de lunes a sábado. Cada vez peor. Mal educados, mal aprendidos. Pero todo sería muy diferente si los barras se quedaran sin su negocio, y pisaran otro cemento rodeado de rejas. Para que los verdaderos hinchas, los que ponen plata en lugar de llevársela, vuelvan a ser los dueños de un espectáculo que, sin ellos, volverá a ser hermoso y único.      


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