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13-11-2011Edición On line| Economía y Energía |   
¿Qué es el excedente económico?
El concepto de “excedente” resulta clave para comprender, primero el origen de la civilización, luego la forma en que las sociedades se organizan y, finalmente, el nacimiento y desarrollo del capitalismo.
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Por Humberto Zambon

La idea del excedente económico estaba instalada en los economistas clásicos de fines del siglo XVIII y las siete décadas del XIX. Luego desapareció de la literatura económica hasta que en los años ’50 del siglo pasado lo rescató Paul Baran. Baran fue un destacado economista norteamericano (aunque nacido en Rusia, se radicó desde muy pequeño en ese país) y que junto a Paul Sweezy y Leo Huberman publicaron la revista Monthly Review que se convirtió en vocero de los sectores progresistas estadounidenses. Vale recordar que la revista también se publicó en castellano en Buenos Aires, por Liliana Martín e Irene Mizrahi, entre julio de 1963 y junio de 1966, fecha del golpe del general Onganía.
El libro más conocido de Barán es “La política económica del crecimiento” (publicado en castellano por Fondo de Cultura Económica, 1959), en el que define al excedente económico como la diferencia entre lo producido por el trabajo humano y el consumo que debe realizar el productor (y su familia) para poder subsistir.

El nacimiento de la civilización
Fíjense ustedes que en una economía de subsistencia no hay excedente económico. Es lo que ocurrió al menos durante los primeros 90.000 años de la existencia como especie del homo sapiens, que en grupos nómades salió de África y se distribuyó sobre toda la tierra. Dedicado por entero a recolectar frutos o cazar animales comestibles, cuando se producía un enfrentamiento con otro grupo no tenía sentido tomar prisioneros, ya que el producido por el trabajo del capturado alcanzaba sólo para la subsistencia del mismo: o se los incorporaba como iguales o, lo más probable, se los mataba.
Recién cuando el hombre aprendió a domesticar animales y plantas aumentó la productividad de su trabajo y apareció el excedente económico. Se volvió sedentario, radicándose a la orilla de los ríos o lagos; a partir de este momento tuvo sentido hacer trabajar al semejante para apoderarse del excedente que podía generar, dando lugar al nacimiento de la esclavitud. Simultáneamente, para los vencedores fue necesario organizarse para mantener a los esclavos como tales y asegurar que trabajasen y, también, para establecer las formas de distribución de ese excedente. Aparece la división social del trabajo, el desarrollo del Estado y del poder policial y militar y de las normas jurídicas que regulan las relaciones entre los hombres.
Con el excedente económico aparece también la posibilidad que un grupo de hombres subsista sin verse obligado a la producción material de los bienes necesarios para ese fin, pudiendo dedicar su tiempo al arte o al conocimiento. Es el nacimiento de la civilización.
Técnicas, relaciones, destino
Para el conocimiento de una sociedad interesa responder a los siguientes interrogantes 1) ¿Cómo se genera el excedente económico? Es decir con qué técnicas y con qué relaciones sociales se produce; 2) ¿Cómo se distribuye el excedente? y 3) ¿Cuál es el destino que se da a ese excedente?
Con respecto al primer interrogante, las técnicas de producción y las relaciones sociales entre los hombres (por ejemplo, hombres libres y esclavos) están íntimamente asociadas. Por ejemplo, en Alejandría, en el siglo I, Herón desarrolló una aplicación de la fuerza del vapor creando juguetes autopropulsados; ni a él ni a sus contemporáneos se les ocurrió utilizar esa energía para ahorrar trabajo humano, como se hizo en Inglaterra en el siglo XVIII dando comienzo a la revolución industrial: en la civilización antigua el esclavo era tan barato que no tenía sentido reemplazarlo por otra fuente energética.
Es importante saber la forma que adquiere la distribución del excedente. En principio, con el modo de producción esclavista, son los hombres libres quienes lo usufrutuan, pero cambian la manera de participación de los distintos sectores que componen la sociedad, dando lugar a diferentes civilizaciones con sus propias características distintivas, como fueron la sumeria, la del antiguo Egipto, Grecia, Roma, los mayas o los incas.

Consumo, acumulación, consumo
El destino del excedente ha sido, en general, el consumo de las clases sociales dominantes. En algunas civilizaciones, ese excedente ha sido tan grande que, superando largamente las necesidades de subsistencia de aquellas, parte del mismo fue dedicado a consumos permanentes o a destinos no productivos pero de largo plazo, como fue la erección de las pirámides egipcias o mayas o las imponentes catedrales europeas.
El primer sistema que le dio un destino productivo al excedente fue el capitalismo. Desde sus comienzos, la posición en la escala social estaba dada por la acumulación individual de capital, de forma tal que los primeros capitalistas eran austeros y trabajadores, tratando de consumir sólo lo necesario y acumular la mayor cantidad posible. Como el objetivo era maximizar la ganancia, la introducción de una innovación tecnológica que disminuyera costos le daba al innovador una posición privilegiada, hasta que se divulgaba y desaparecía la ganancia adicional y quedaba abierto para una nueva innovación que repetía la historia. El capitalismo se caracterizó por revolucionar permanentemente a los medios de producción, elevando en progresión geométrica la productividad del trabajo humano.
Hoy existe la posibilidad de generar un excedente económico tan grande que con pocas horas de trabajo diario de todos los adultos se podría asegurar una vida digna y confortable para todos los habitantes de la tierra.
La realidad es otra. La situación mundial es muy distinta: por ejemplo, los 225 habitantes más ricos del planeta tienen una riqueza mayor que el ingreso anual del 50% de la población más pobre. Mientras unos pocos nadan en la abundancia otros sufren desocupación, marginación e imposibilidad de acceder a bienes materiales y culturales básicos. La irracionalidad de esta situación es evidente. Se hace imprescindible crear otros modos de producción, es decir, generar nuevas reglas de distribución del excedente económico que permitan lograr, a nivel mundial, una sociedad más equitativa



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