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13-11-201101:30| Sociedad |   
Preocupación por la cantidad de suicidios adolescentes
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Neuquén> En 20 años se triplicó la cantidad de adolescentes que se quitaron la vida en la provincia. Los especialistas consultados consideran que las distancias entre los jóvenes de 13 a 19 años con los adultos es cada vez mayor, que los problemas de comunicación dentro de las familias y el creciente sentimiento de aislamiento y soledad influyen en tomar esta determinación.
Se estima que por cada persona que se quitó la vida hay 20 que lo intentaron. Las estadísticas muestran una diferencia notable entre suicidios de mujeres y hombres. Las primeras lo intentan más pero son los segundos los que lo concretan. En Neuquén, la zona del norte, oeste y sur de la provincia tienen tasa superiores al promedio provincial que, a su vez, está por encima de la tasa nacional. El suicidio adolescente es una realidad en la provincia y los profesionales de la Salud consideran que se debe discutir en el seno de la sociedad. Según los datos que administró la subsecretaría, la cantidad de chicos que tomó esta trágica decisión se analiza en períodos de tres años. Se dividen en cantidades totales y en la tasa de hechos cada 100.000 habitantes.
En el período de 1990-1992, fueron 10 los decesos y la tasa fue de 4; entre 1993-1995 se repitió la cantidad de chicos que se mataron, mientras que la tasa disminuyó a 3,7 debido al crecimiento de la población.
En el trienal desde 1996 los suicidios aumentaron a 17 con una tasa de 6 cada 100 mil habitantes. De 1999 a 2001 se quitaron la vida 22 adolescentes, una tasa de 7,4; mientras que de 2002 a 2004 fueron 29 casos, con una tasa de 9,4.
El último dato oficial es el trienal desde 2005 a 2007, donde se suicidaron 33 chicos, con una tasa de 10,5. Según lo que se informó en la Subsecretaría de Salud, la tendencia de aumento se mantiene.
Los suicidios no son informados habitualmente por los medios de comunicación porque pueden generar brotes de imitación en los demás jóvenes, como ocurrió en algunas poblaciones de la provincia. El tema merece ser discutido con seriedad y responsabilidad y para eso La Mañana de Neuquén convocó al licenciado en servicio social y magíster en sociología, José Luis Bonifacio; al psiquiatra y referente del área de Salud Mental de la subsecretaría, Eduardo Olivarez; a las licenciadas en servicio social que trabajan en el área de psiquiatría del Castro Rendón, Laura Aguer y Miriam Rivas; y al psicólogo y jefe del área del Hospital Regional, Jorge Carri.

Un grave problema para la salud pública

Por Eduardo Olivarez (*)

El suicidio es considerado un problema grave de salud pública y creciente a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tasas de suicidio aumentaron un 60 por ciento en los últimos 50 años y ese incremento fue más marcado entre los jóvenes, al punto de convertirlo actualmente en el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países del mundo.
A nivel mundial, el suicidio se encuentra entre las 3 primeras causas de muerte en las personas de entre 15 a 45 años. En Argentina, en los últimos 20 años la tasa de mortalidad por suicidio creció considerablemente en los grupos de edad más jóvenes (15 a 24 y 25 a 34 años). En los grupos de adultos mayores, que históricamente registraron las tasas más altas de suicidio, se redujo significativamente.
En la Patagonia en general y en Neuquén en particular las tasas de suicidio superan a la media nacional. En nuestra provincia, las tasas se mantienen por arriba de 10 cada 100.000 habitantes desde el año 2000, con tendencia creciente, habiendo alcanzado el año 2009 una tasa de 15,4, la más alta de los últimos 20 años.
El grupo que más ha aumentado sus tasas respecto de la década pasada es el de 15 a 30 años. La relación de muertes hombre/mujer en la última década es de 5 a 1, superior a la media nacional de 3 a 1. Las zonas sanitarias II, III y IV han tenido históricamente tasas superiores al promedio provincial.
Más allá de ser un problema grave y creciente para la Salud Pública, el suicidio constituye un fenómeno social y filosófico sumamente complejo. Si bien se han reconocido factores de riesgo asociados al intento y al suicidio consumado que se encuentran dentro del área de intervención del sector sanitario, como la enfermedad mental y el consumo excesivo de alcohol, hay muchos otros factores sociales, económicos, culturales, religiosos y ambientales involucrados. Muchos de estos son controversiales y otros aparecen relacionados sólo a determinados contextos locales, lo cual le da al problema un carácter complejo único. Muchos de los planes y programas que se han desarrollado en el mundo para controlarlo no han dado resultados positivos.
Por un lado, es claro que las conductas suicidas tienen un trasfondo psicopatológico muy heterogéneo, que se debe articular con el contexto psicosocial y con la capacidad de comunicación del individuo. Por otra parte, son muchos los usuarios que pasan desapercibidos en los servicios asistenciales o bien su gravedad no es apreciada. Es aquí donde hay que poner el acento: en la mayoría de casos los actos suicidas fueron precedidos de tentativas suicidas o bien de ideaciones suicidas o actos que suponen una situación de alto riesgo. No valorar de manera adecuada dichos actos comporta no apreciar una situación de alto riesgo y, en consecuencia, no adoptar las medidas oportunas para su prevención. Actualmente, en el sistema de Salud de la provincia se está trabajando en la elaboración de una guía de práctica clínica de suicidio, ya está publicado el capítulo de Prevención, faltan Detección de Factores de Riesgo, Intervención en Crisis y Posvención, que están en etapa de terminación. Esta guía es parte de distintas acciones que se están generando desde salud publica tendientes fundamentalmente a mejorar el abordaje y la atención de las personas que presentan conducta suicida.
 
(*) Psiquiatra. Referente de Salud Mental en la Subsecretaría de Salud de la Provincia.

Autoagresiones como un pedido de ayuda

Por Laura Aguer y Miriam Rivas (*)

Si pensamos a la adolescencia como un período de grandes cambios, de fragilidad, de relaciones y vínculos en espacios más allá de lo familiar, observamos que hay un deterioro importante en estos espacios. Es evidente que lo que se ofrece desde la cuestión social produce un vaciamiento, un debilitamiento en el lazo social; así los adolescentes pueden llegar a encontrarse muy solos frente a un mandato que los mortifica, como es el de la sociedad de consumo, lugar en el que se desdibuja un otro que pueda transmitir valores que los preserven, que los cuiden y que los ayuden a crecer.
Desde nuestro trabajo en el hospital observamos que cuando l@s adolescentes  necesitan concurrir a espacios de asistencia, desde lo psicosocial también se reproduce este deterioro en el ofrecimiento de posibles dispositivos de atención  en lo comunitario e institucional.
Por ejemplo, no hay en la provincia comunidades terapéuticas que ayuden a la recuperación de  mujeres con consumo de sustancias, u otros dispositivos que puedan sostener un proceso terapéutico, de contención y acompañamiento social para el trabajo con adolescentes que padecen importantes y complejas problemáticas.
En los últimos años se evidenció un aumento en las consultas por guardia y en las internaciones de población adolescente en el área de Salud Mental del Hospital Castro Rendón. De acuerdo a un registro propio, del total de 280 internaciones en esa área durante 2010, el de adolescentes representa un 10% del total.
Impresiona y preocupa las situaciones de las cuales provienen muchos de es@s jóvenes. Una característica que predomina es la situación de vulnerabilidad subjetiva, familiar y social de los mismos. En un porcentaje importante de situaciones se observa: consumo de sustancias en forma adictiva, agresión hacia otros, autoagresiones, ingesta de psicofármacos, intentos de suicidio, etc. Por el lado de los adultos (madres y padres) se evidencian muchas dificultades para contenerlos y alojarlos. En algunas situaciones se llega al rechazo.
Una de las características de la adolescencia es la oposición a la autoridad de los padres, y pareciera que una modalidad de la época es el corrimiento del lugar de responsabilidad en el ejercicio de esta autoridad, los padres son interpelados, cuestionados, se observa que  se suele recurir al ejercicio de violencia física para “parar” a un adolescente (“no sé qué hacer con él/ella”) y, en otras ocasiones, francamente se los deja solos. 
Ciertas manifestaciones en la conducta de algunos adolescentes como el consumo  excesivo de alcohol u otras sustancias en forma adictiva, autoagresiones, pueden ser interpretados como un pedido para que se los ayude y es muy importante hacer lugar a esto.
En nuestra provincia, con un importante porcentaje de población adolescente-joven es esencial que el Estado asuma plenamente la responsabilidad y la ejecución de políticas públicas que efectivicen lo legislado a través de la Ley 2302 (de Protección Integral del Niño y Adolescente) y las nacionales de Protección Integral contra la violencia de género y la nueva Ley de Salud Mental (Ley 26657).
 
(*) Asistentes sociales y psicóloga del Servicio de Salud Mental del Hospital Castro Rendón.

Suicidio y desintegración social

Por José Luis Bonifacio (*)

El aumento de suicidios de adolescentes en la provincia de Neuquén muestra niveles inquietantes. En menos de dos décadas, en números absolutos, se triplicó la cantidad de suicidios. La tendencia registrada entre 1990 y 2007 muestra que en el primer lustro la tasa se mantiene estable, pero luego de 1996 comenzó a crecer de manera acelerada y llega en 2007 a la alarmante cifra de 10,5% por cada 100.000 habitantes. Según datos aparecidos en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tasa de suicidios permanece estable en Argentina hace más de diez años –6,7 por 100.000 habitantes–, pero las estadísticas oficiales apuntan un aumento en la franja de 10 a 19 años, que ha crecido de 4,7 por 100.000 en 1990 a 8,3 en 2000. El caso neuquino ha seguido el ritmo de la tasa nacional de suicidios adolescentes.
El aumento de suicidios en una sociedad puede ser interpretado, desde una perspectiva sociológica, como un indicador de deterioro de los lazos sociales que contribuyen a la integración de una sociedad. La existencia de mecanismos sociales que favorecen la integración social posibilita que sus miembros puedan compatibilizar el alto grado de individuación que genera la sociedad moderna con propósitos colectivos que contribuyan a reducir el aislamiento social y el individualismo exacerbado. En otras palabras, una sociedad integrada promueve que sus miembros puedan establecer vínculos con instituciones, organizaciones y grupos sociales más amplios en donde se procuren consolidar procesos de solidaridad social. Por el contrario, una sociedad desintegrada crea brechas sociales enormes entre las clases y los grupos sociales, desmantela los marcos sociales y culturales que posibilitan la acción social coordinada y tiende a producir psicopatologías en los procesos de construcción de la personalidad.
Los procesos de desintegración social que atraviesan la cultura, la sociedad y la personalidad tienen clara incidencia en los suicidios de los adolescentes, pero también en otras problemáticas que deben enfrentar. El aumento de la tasa de suicidios indica que se deben crear mecanismos que contribuyan a crear lazos sociales más solidarios y que los sueños de una sociedad con justicia, igualdad, y libertad dejen de ser un apenas principios constitucionales para convertirse en una condición real.
A veces, la poesía contribuye a reflexionar sobre nuestras vidas dañadas y sintetiza en pocas palabras lo que anhelamos; por eso es oportuno citar parte de una canción de León Gieco: “Tengo de todo para ver y creer, para obviar o no creer y muchas veces me encuentro solitario llorando en el umbral de la vida.  Busco hacer pie en un mundo al revés, busco algún buen amigo para que no me atrape algún día, temiendo hallarla muerta a la vida”.
 
(*) Profesor e investigador
del área de Sociología de la
Universidad Nacional del Comahue.

A menor edad, más brutal y violento es el método que se emplea

Por  Ángel Lombino (*)

El acto suicida corresponde a un aumento repentino de la tensión y excitación psíquica por la presencia de factores externos estresantes y/o factores endógenos que el sujeto no puede resolver, ni planear una estrategia adaptativa,  a causa del deterioro de sus mecanismos de tramitación psíquica o mecanismos defensivos que refleja su vulnerabilidad.
Al respecto, en psiquiatría infanto-juvenil debe tenerse presente que existen algunas diferencias significativas entre niños y adolescentes: la presentación es menos frecuente en niños menores de 10 años, creciendo exponencialmente entre los 12 y 19 años, llegando a ser una de las principales causas de muerte. Otra diferencia es que a menor edad, más brutal y violento es el método que se emplea a tal fin: ahorcamiento, precipitación de alturas, ahogamiento, en cambio los adolescentes tienen mayor inclinación a métodos como la ingesta de fármacos.
Las enfermedades psiquátricas tienen una altísima asociación a suicidabilidad, las de mayor frecuencia son: trastornos afectivos mayores (depresión, bipolaridad), trastornos de la personalidad (con predominancia de rasgos psicológicos tales como desesperanza, impulsividad, agresividad, pobre regulación de los afectos, dificultades en comunicar y pedir ayuda, falta en la habilidades para la resolución de los problemas, baja tolerancia a la frustración), abuso de sustancias psicoactivas y trastornos psicóticos (esquizofrenia, trastornos delirantes crónicos y otros).
Es importante destacar la significación psicopatológica del acto suicida: las dimensiones depresivas e impulsivas. Entre los adolescentes con un episodio depresivo mayor, el 70% habrá efectuado un intento de suicidio en el transcurso de los 3 años siguientes; el 85% de los niños y adolescentes con un episodio depresivo mayor o distímico manifiesta ideas suicidas, un 32% intentará suicidarse a lo largo de toda la vida y un 20% ha realizado varios intentos.
El gesto suicida comporta con frecuencia una dimensión de impulsividad y ausencia de reflexión, ante situaciones concretas intolerables que generan una frustración tal que es vivida con intenso sufrimiento psíquico y que desencadena el acto autoagresivo. Sin embargo, con mucha frecuencia, en las semanas o días que precedían al gesto el joven suicida había comunicado sus intenciones suicidas a personas cercanas, a coetáneos o, ya con menos frecuencia, a adultos. La impulsividad es, por tanto, sólo aparente, aunque el acto suicida en sí se produzca en un contexto de ruptura.
¿Qué hacer ante ideación o gestos o actos suicidas? La actitud debe ser abierta, empática e interesada. Se debe evitar la crítica de la conducta o buscar culpables. Se debe consultar a un especialista quien decidirá la conducta clínica adecuada o a un servicio especializado en salud mental en caso de riesgo vital.
En un espacio institucional asistencial se debe seguir el Esquema de Intervención en Crisis (Serfaty 2000):
•Intervención rápida breve, intensiva, integral
•Inclusión de la familia y los amigos
•Rápido abordaje de la situación desencadenante
•ndicación psicofarmacológica
•Acción psicoterapéutica directiva
.Vigilancia permanente del riesgo suicida
.Valoración permanente de la continencia familiar y profesional
.Intervención domiciliaria
.Hospitalización
 
(*) Médico psiquiatra. Coordinador general de Salud Mental pediátrica del Instituto Austral de Salud Mental.

La falta de reflexión del sentir, pensar y hacer facilitan la autolesión

Por Jorge Carri (*)

Si bien son alarmantes las cifras de suicidios en la provincia, si pudiéramos bajarlas, la situación de las enfermedades mentales no cambiaría. Por cada suicidio hay un centenar de enfermos mentales.
La dificultad del suicidio no está relacionada a la pobreza sino a la sociedad de consumo. Los países del primer mundo son aquellos que más alto índice tienen.
El suicidio adolescente no es el de mayor nivel pero es el que causa mayor impacto en lo cultural.
Hacia el sistema de salud hay una demanda alta en el intento de suicidio, como llamados de atención. Se trata de jóvenes con trastorno límite de la personalidad donde uno de los síntomas es la impulsividad, los trastornos bulímico-anoréxicos, las autolesiones no con el fin de matarse sino sólo de sentir algo.
Tenemos una cultura de videoclip, de acción y de falta de reflexión. Las grandes consultas son por problemas de ansiedad y en menor medida de trastorno límite de la personalidad.
Son cambios culturales. En el siglo XX la gran enfermedad fue la esquizofrenia, ahora es la que sufren los jóvenes límite, sin reflexión, de acción, sin estructura de demora.
Por ejemplo, el aburrimiento es una angustia. Antes, el aburrimiento disparaba una situación de creatividad; ahora, genera angustia y consumo y no hay modos culturales de modificarlo. La falta de reflexión del sentir, pensar y hacer facilitan las conductas de autolesión. La impulsividad es un factor determinante en estas conductas patológicas. El factor de riesgo es la enfermedad mental pero el cocainómano tiene tanto riesgo de cometer un suicidio como el depresivo.
Es importante controlar los impulsos en los chicos de acción. Que cuenten hasta 10, que reflexionen antes de actuar.
 
(*) Psicólogo. Director del área de Salud Mental del Castro Rendón.



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