Por CLAUDIO SCALETTA
Neuquén > La insondable opinión pública será bombardeada en las semanas venideras con una maraña de hechos y personajes que construyeron una trama ocurrida hace 34 años. Los hechos son la adquisición de una parte del paquete accionario de Papel Prensa, valuado en casi 3 millones de dólares, a un formal tercio de su valor, pero de los que sólo se pagaron efectivamente 7.000 dólares. Los personajes fueron, de un lado del mostrador, una viuda desesperada y una familia que meses después terminaría detenida y torturada. Y del otro, el grupo de diarios más poderosos del país, para quienes la peor dictadura de la historia no fue impedimento para seguir ampliando su red de negocios. La historia, la que escriben los historiadores, cuenta que, después del golpe de marzo del 76, la transferencia de la papelera desató una dura puja al interior de la junta militar entre Jorge Videla y Emilio Massera. Pelea de fondo A nadie escapa que el enfrentamiento de fondo es entre el gobierno y el multimedios Clarín, en este caso acompañado, por la comunidad de intereses, por el diario La Nación, el otro accionista mayoritario de la papelera bajo fuego. A la guerra comercial no tardó en sumarse el componente ideológico. Los sectores que salieron del gobierno por la ventana en 2001 tras generar la peor crisis de la historia económica argentina, tuvieron una alfombra roja mediática para su regreso. La desmemoria de la opinión pública resulta en este ámbito proverbial. El límite fue Telecom El gobierno sostiene off the record que el multimedios que dirige Héctor Magnetto está furioso porque no lo dejaron avanzar sobre Telecom, intento que marcó el límite de la relación. Desde entonces, Clarín saltó al bando de los enemigos desatando un continuo de guerrillas mediáticas. La movida del “campo”, en los albores del gobierno de Cristina, fue la batalla iniciática. Resultó todo un logro haber encolumnado a las clases medias urbanas tras el reclamo impositivo de los sectores más acomodados de la sociedad y, en el camino, asestar un duro golpe al gobierno en las elecciones legislativas. Desde el conglomerado Clarín afirman, en cambio, que se trata de algo más vulgar, del ataque del gobierno a la prensa “independiente” y del rechazo a toda crítica por parte de una administración con vocación dictatorial. La muletilla del ataque a la prensa es una típica reacción corporativa, pero también un recurso remanido para defender intereses claramente comerciales antes que de libertad informativa. “Independencia” Suponiendo que un improbable observador imparcial analice desde fuera las posiciones enfrentadas, el conflicto ya deja algunos efectos positivos.
* Por primera vez comenzó a ser interpelado el único poder fáctico que nunca fue sometido al escrutinio público por sus responsabilidades en los fracasos de procesos históricos y en las disputas de poder: la prensa.
* En el ejercicio de su defensa, el grupo Clarín dejó involuntariamente claro lo fundamental que resulta el control de uno de los principales insumos de los diarios. Un insumo en decadencia frente a las nuevas tecnologías, pero que continuará siendo clave por muchos años.
* En buena medida la expansión y consolidación del diario Clarín estuvo relacionada con el acceso al papel a precio diferencial. En cambio, el precio monopólico cobrado por Papel Prensa a los "no socios" fue, y todavía es, una barrera de entrada para la competencia. Y en materia de prensa competencia significa “otras voces”; significa que no haya un solo grupo que defina la agenda. Por el precio monopólico del papel, además, muchos diarios no nacieron y otros tantos no lograron sobrevivir.
* Que la democracia enfrente con retardo esta problemática central para la prensa gráfica es un dato menor. Lo realmente importante es que por fin lo haga. El “retardo”, el “por qué ahora y no antes”, es el más amañado de los argumentos de defensa.
* Finalmente, la puja entre el gobierno y el principal multimedios del país es una buena oportunidad para que la opinión pública identifique quién es quién. Nunca como ahora fue tan evidente y automático el alineamiento de un sector de la clase política con los intereses de las corporaciones. |
|