DALE MUNDIAL 2010 - PREPARA LA VENGANZA, CAPíTULO IV - 03.07.2010
¿D10S es vengativo?
Maradona lloró hace 20 años, cuando Alemania y un fallo polémico de Codesal le "robaron" su segunda Copa del Mundo. En busca de ese sueño, se juega sus cartas desde el banco.
Sudáfrica > Estadio Olímpico de Roma, 8 de julio de 1990. El llanto de Diego Maradona se mutiplica por millones mientras la pantalla gigante se regodea con la imagen del D10S vencido. Joao Havelange se salva de darle otra vez la Copa del Mundo a las manos rebeldes de su peor enemigo. Alemania es campeón, en su tercer intento en fila, quitándole al más grande de todos la chance de mostrarles en la cara el trofeo a los miles de italianos que silbaron el himno argentino un rato antes. No fueron los alemanes los peores verdugos aquella noche de verano italiano, sino el árbitro mexicano Edgardo Codesal y los fantasmas de que la FIFA no se sentía nada cómoda con un triunfo, uno más, albiceleste. No era la camiseta argentina lo que le generaba urticaria a los popes del fúbol mundial, sino la irreverencia de su capitán. Que no sonreía para la foto junto a ellos, se quejaba de los horarios de los partidos que perjudicaban a los jugadores y soñaba con armar un gremio internacional. Se la tenían jurada, y se la cobraron. Parecía que el equipo campeón no generaría mayores problemas, lastimado por Camerún en el duelo ianugural, bailado un rato largo por Brasil, con soldados heridos, incluídos su capitán, pero renacido en el gol de Caniggia y frente a Yugoslavia, gigante ante la imbatible y local Italia. Cuando parecía que no iba a hacer daño, generó el segundo Maracanazo y asustó a todos en el palco de honor. En 1994 no hubo revancha. La maldita efedrina le cortó las piernas y su despedida de los Mundiales volvió a regalarle una tristeza inolvidable. Pero dos décadas después de aquella frustración, el Diez puede comer un plato que se saborea mejor bien frío. Cuando menos se lo esperaban, resurgió de sus cenizas y allí está otra vez, molestando, peleando para que Joseph Blatter cumpla la desagradable tarea de la que zafó su antecesor y amigo brasileño. Este Maradona no juega, aunque habla tanto o más que aquel. Pero igual lidera a los suyos. Con más batallas perdidas que ganadas como entrenador, se metió al Mundial por la ventana, como al del ''''86, y quiere repetir la historia. De Devoto a la gloria, un camino que siempre se empecinó en recorrer. Le faltan tres pasos. El de hoy, frente a Alemania, será tan complicado como los dos que vendrían luego. Pero las armas con las que cuenta son muy diferentes a las que tenía en las Eliminatorias. De Basile el Diez heredó un Rolls Royce lleno de polvo. Y tardó varios meses en lustrarlo. Intentó gambetear a la altura en La Paz y se comió seis. Ecuador le dio otro golpe y en el momento más caliente, Brasil y Paraguay dejaron al desnudo a un equipo que no encontraba su norte. Ni cerca estaba. Fue la aparición milagrosa (para eso lo puso y lo llevó a Sudáfrica) de "San" Palermo lo que le devolvió la vida, otra costumbre de sus años como jugador jubilado, en una lluviosa tarde ante Perú en que Dios se vistió de Celeste y Blanco por un ratito. Y el triunfo ante Uruguay le sacó pasaje directo a su revancha. Una vez en el Mundial, su experiencia, su voz de mando, su acierto para elegir a los jugadores, sus deciciones al borde del campo de juego, empezaron a verse más seguido. Casi por primera vez. Lo que no cambió nunca fue su insistencia a redoblar apuestas. Una vez más, lo hará ante los alemanes. Ningún miedo le metieron con el 4 a 1 ante Inglaterra. Diego sale a quemar las naves, a pelear en el jardín del adversario, a plantar sus tres delanteros para hacer daño bien cerca del área rival. Ganar o no estos 90 (ó 120) minutos será crucial para sumar elogios o entregarse, otra vez, a las críticas de los que nunca se afiliaron a las inmensas huestes maradonianas. Tener cautela sería el camino elegido por muchos. Pero Diego no puede ir contra su naturaleza. Jamás lo hizo. Pone todas sus fichas a un pleno y mira sin inmutarse como gira la ruleta. Algunos dirán que ya hizo suficiente para cambiar su imagen como entrenador, como líder de grupo, que si cae de pie hoy, en las semis o en el partido más deseado, podría incluso estirar su ciclo por otros cuatro años. Decírselo apenas amanezca, le ganaría un cross de zurda al que se anime a tamaña ofensa. Diego no sabe de revanchas que no sean completas, y aunque ninguno de aquellos alemanes esté hoy en Ciudad del Cabo, con otro mandamás en la FIFA y sin locales que chiflen el himno, ganar o ganar son sus dos opciones.
Se dijo
"Llegamos a esta instancia mostrando un equipo ofensivo de medio campo para adelante, no estoy para cambiar ni improvisar en este momento. Respeto a todo el mundo, pero no le tengo miedo a nadie, elegí jugadores, a 23, y siento sólo agradecimiento por ellos". (D. Maradona)
Se dijo
"Estamos muy bien, concentrados, metidos en el partido. Alemania le ganó fácil a Inglaterra, pero cuando lo apuró descontó, le empató y no le cobraron el gol. Perdió con Serbia, que le quitó la pelota, con Ghana ganó y su arquero fue figura. Ellos siempre le hicieron buenos partidos a Argentina, pero si tenemos el balón pueden correr mucho sin la pelota". (D. Maradona)