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 SOCIEDAD - DRAMA EN CENTENARIO  - 06.12.2009 
Ardió su casilla en un asentamiento, es discapacitado y quedó en la calle
Luis Ojeda vive solo y padece una dura enfermedad. El viernes perdió todo en un incendio. Una historia dolorosa detrás de la pobreza y la miseria.
Ojeda vive desde el viernes en la casa de vecinos. Era jardinero, pero hace cuatro años le diagnosticaron artritis reumatoidea y no puede trabajar.

Centenario > Luis Ojeda tiene 38 años, pero la vida le cargó dos décadas más de penurias y lamentos. Casi no puede caminar y se sostiene apenas con un palo seco que usa de bastón, y otras veces lo hace con la ayuda de algún vecino.
Es tan fuerte esa dificultad, que le duele mucho más que el incendio que anoche destruyó su casa, su perro, sus pertenencias y toda la historia clínica de cómo enfrentar una dura enfermedad con unos pocos pesos en el bolsillo.
El siniestro se produjo en la noche del viernes, cuando Luis estaba preparándose una sopa para irse a acostar. Su limitación física hizo que un palo se cayera sobre el fuego, y lo que sucedió después quedó en un triste relato para los bomberos.

La perra atada

El fuego se propagó por toda la casilla y quedó hasta su perra “Galgo” que estaba atada y no pudo escapar de las llamas. Un vecino logró sacar a Luis de la vivienda que estuvo a punto de calcinarse, pero por fortuna sólo recibió quemaduras leves.
Hace unos cuatro años que el hombre vive en Centenario. Recuerda con nostalgia cuando era jardinero en Bariloche y trabajaba armando parques para “gente de mucho dinero”, pero esa historia quedó en las cenizas.
Por esa época, los médicos le diagnosticaron artritis reumatoidea y tuvo que mudarse a un lugar menos húmedo, y cayó en una toma en la que hoy no tiene nada, en el lote 11 de la manzana 396 del barrio Eluney.
“Perdí todo, un bastón canadiense que costó 307 pesos, el colchón, la cama y lo poco que había comprado. Me ayudan mucho los católicos y un laboratorio con los medicamentos que tomo para no tener dolor, porque en el hospital dicen que no tienen esa medicación”, expresó el hombre a este diario.

El vecino solidario

Desde el viernes a la noche, Luis está literalmente “en la calle”. El fuego destruyó por completo su casa, y hoy duerme en otra casilla de nailon y madera de un vecino que también tiene dificultades económicas, pero que el “hace lugar”.
“Tengo que tener una persona estable que me ayude, mañana (por hoy) tengo que ir a la iglesia para ver si me ayudan. Estoy tomando medicamentos, porque el médico me dio una pastilla porque pienso mucho en lo que le pasó a mi casa”, dijo Luis, quien no sale de su estado de shock por haber perdido todo.
A Luis no le quedan muchas otras salidas que la ayuda del Estado. “El intendente escuchó mi caso, dijo que me iba a atender pero con esto de que hay gente de paro no tiene tiempo”, concluyó.

Costoso tratamiento


Para poder soportar el dolor debe tomar una medicación que no se la puede dar el Estado y que la aporta un laboratorio.

Centenario > Desde que a Luis le diagnosticaron la enfermedad artritis reumatoidea, su vida cambió radicalmente. A pesar de que es joven con 38 años, casi no puede moverse, parece un sexagenario.
Dice que en alguna oportunidad fue a Buenos Aires al hospital Italiano por un tratamiento gracias a los contactos que tuvo por la Iglesia y otros particulares, pero que el mismo tenía un valor de 9.600 pesos.
“¿Cómo puedo pagar yo eso si no puedo trabajar? A veces es tan fuerte el dolor que siento, que los medicamentos hacen efecto dos o tres horas y me vuelve el dolor. Tengo medicación hasta el lunes porque los hospitales dicen que no tienen y recién en la semana puedo ver a un conocido de un laboratorio que me los da gratis”, se lamentó Luis.
Luis toma un corticoide y además un antinflamatorio y analgésico (diclofenac 75 mg), una medicina que no es tan cara en las farmacias, pero que para conseguirlas a través del Estado es todo un trastorno burocrático. Ayer, algunos vecinos y particulares se acercaron hasta su vivienda para ofrecerle alguna ayuda, aunque necesita mucho más.

 
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