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 SOCIEDAD - 16.11.2008 
Vinos dinámicos: beber en verde
La moda de los vinos que cuidan la naturaleza despunta en Argentina. Este mes se presentó la primera entidad que nuclea a los productores con voluntad ecológica.
Por JOAQUÍN HIDALGO

La aparición de la Asociación de Vinos de Terruño lanza el debate sobre los productos con bandera verde. Del orgánico a la biodinámica, qué son y qué representan.

Hay vinos en el mundo que son, sin certificaciones ni proclamas, más ecológicos que los más puristas voceros del tema. Vinos más famosos por su calidad que por los principios verdes que los comandan. Son los clásicos, como el mismo Pétrus, la meca del vino en Pomerol. Y ahora que en nuestro país se lanzó a principio de noviembre la «Asociación de Productores de Vinos de Terruño» (www.vinosdeterruno.com), la primera enjambrada detrás de ideales verdes entre orgánicos y biodinámicos, el debate sobre los vinos ecológicos entra en escena.
Vinos orgánicos son todos aquellos que se elaboran con uvas cultivadas sin agroquímicos y en respeto con el medio. Provienen de uvas y bodegas certificadas como tales por las entidades del caso, sean Letis o Argencert, por citar las más conocidas. En nuestro país hay un buen número de viñedos orgánicos por las bondades del clima –unas 3 mil hectáreas certificadas-, aunque ninguna bodega. «De manera que en la práctica, orgánicos son los vinos elaborados con uvas cultivadas sin químicos», asegura Pablo Dessel de VinEcol, una bodega mendocina dedicada al cultivo orgánico.
La otra tendencia son los biodinámicas. El último grito de la moda en el vino, que tiene en nuestro país a un grupo reducido de seguidores, con ruido propio, como bodegas Colomé, Cecchin, Korntiras, Alpamanta y Fabril Alto Verde, que aspiran a certificarse como tales. La biodinamia, esbozada por el austriaco Rudolf Steiner hacia la década del veinte del siglo pasado, propone la armonía entre prácticas agrícolas y el medio ambiente, basado en ciertos principios esotéricos, que vinculan, por ejemplo, las fases de la luna con las labores agrícolas. Considera al viñedo en su conjunto un organismo vivo y en interacción con las fuerzas del cosmos. «Pero no es sólo eso» se atajó tiempo atrás Félix Schweizer, gerente de márketing de bodega Colomé, en Salta, una de las que hizo punta de las ideas de Steiner aquí. «Se trata de lograr una producción autosuficiente según las propias leyes de la naturaleza,» dijo Schweizer.

La moda verde

Planteos de este tipo difícilmente encuentren oposición. Nadie en su sano juicio podría decir que prefiere una agricultura basada en la explotación intensiva a una que busca la sustentabilidad. Pero también, quien esté en sus cabales sabe que no se puede comparar la economía de escala de las bodegas actuales con la aparatosa liturgia de la biodinámica, y en menor medida con los de la agricultura orgánica.
Estas requieren, por ejemplo, de compost para el mejoramiento del suelo. El compost es un derivado natural de la descomposición de materia orgánica que se le agrega al suelo y que lleva meses conseguir. Que en el caso de los biodinámicas, se les deben sumar los Preparados, como el 500: «elaborado con cuerno de vaca y estiércol, debe ser pulverizado sobre el suelo antes de la siembra o sobre la vegetación recién cortada para estimular el crecimiento vegetativo,» sostiene el gurú del tema en Argentina, René Piamonte. Y eso, como si fuera sencillo conseguir los cuernos.
Si bien ni unos ni otros aseguran mejores vinos, proponen una agricultura responsable. En cambio, sí suponen mejores negocios en la exportación donde aspiran a conseguir mejores precios, amén de la buena publicidad que puedan tener. Eso, además del plus paisajístico: en un viñedo biodinámico hay vacas, patos y un verdín entre hileras que intenta buscar el equilibrio natural y eliminar la intervención no juiciosa. Y estas ideas venden, tanto como para explicar que Trapiche o Concha y Toro, los gigantes argentino y chileno de la industria tengan fichas puestas en ella.
Y mientras que ambas corrientes lentamente ganan el corazón de los productores, y en menor medida el de los consumidores, conviene recordar lo que nos dijera Roberto Cipresso, reconocido enólogo italiano hoy al frente de Wine Circuss, un proyecto de investigación sobre manejo de terruños: «el respeto, el conocimiento y el equilibrio del terruño y la naturaleza son el punto de llagada de todo gran vino, no una declamación de partida. Lleva muchos años manejar un viñedo según sus propias leyes.»
Habrá que esperar hasta el futuro para saber quiénes tienen   razón.

Bodegas Verdes

Dentro de la asociación lanzada en Buenos Aires a principios de noviembre, se encuentran VinEcol, Krontiras, Alpamanta, Alto Salvador y Familia Cecchin.
Además de ellas, hay proyectos orgánicos en varias bodegas grandes, como Familia Zuccardi y Norton. Mientras que en las bodegas de la región del Chañar casi todas los viñedos están en proceso de certificación orgánica.
 
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